Hace aproximadamente dos años mi vida cambió de un día para otro, con un diagnóstico aterrador de una enfermedad que nunca en mi vida había escuchado y con un nombre bastante particular: ELA. En ese momento estaba asustada y, al entrar a Google y leer sobre ella, todo se volvió aún más aterrador. No podía creer que algo así pudiera existir. Su nombre completo, Esclerosis Lateral Amiotrófica, fue el detonante de muchas noches de insomnio, depresión y llanto.
Yo no quería aceptar lo que estaba pasando
y me preguntaba por qué a nuestra familia, si estábamos tan felices. Con el
paso de los meses la enfermedad fue avanzando, como un lobo que ataca a su
presa, tal como lo dijo aquel doctor y tal como lo había leído.
Ese año teníamos tantos planes… habíamos
empezado a ahorrar para nuestro viaje soñado a Medellín en familia, y todo se
acabó de un momento a otro.
No puedo explicar con palabras el amor que sentía por mi papá, y quienes me conocen y lo conocieron
saben a qué me refiero. Siempre me consentía, daba todo por mí y por mis hermanos; era el mejor papá del mundo. Un hombre inteligente, brillante, con un gran sentido del humor. Yo no podía aceptar que alguien tan especial pudiera irse. En mi cabeza no cabía esa idea. El doctor nos decía que aprovecháramos cada minuto y lo hiciéramos feliz. Ver una película con él era algo especial; antes de que se acabara ya la había entendido toda, mientras yo seguía perdida, y se reía. Se sabía todas las capitales del mundo, no había una pregunta sin respuesta, y nunca faltaban sus sabios consejos. Para mí, el hombre más inteligente del mundo.
No había un solo día en el que no saliera
con algún cuento. Siempre le sacaba humor a todo. Incluso dos días antes de
partir, estando en la clínica, seguía haciendo bromas. Era una persona única,
con muchos amigos y muy querida por todos.
Todos los días pienso en él. Imagino cómo
sería todo si aún estuviera con vida, pero también recuerdo que ya no estaba
bien, y cuando amamos de verdad, no podemos ser egoístas.
Existen muchas maneras de desahogarse y para mí siempre ha sido escribir, pero esta vez no es fácil. Solo quiero decirles que, si aún tienen a su papá con vida, abrácenlo, bésenlo, díganle cuánto lo aman. Yo daría lo que fuera por un último abrazo, un último beso. Cada día que pasa eso se vuelve más difícil. Aunque he soñado con él y se siente tan real, ya no está conmigo físicamente, pero en mi corazón siempre lo estará. En mis recuerdos y en mis sueños también. Julián siempre recordará con amor a su abuelo.
Y aunque sería fácil buscar un culpable, no serviría de nada. Lastimosamente, esa enfermedad llegó sin avisar y se llevó al amor de mi vida. Y aunque sé que nunca leerás esto, te amo, papito, y nunca te olvidaré. Fuiste y siempre serás el mejor papá del mundo.
Cuando tienes un familiar con una
enfermedad huérfana como la ELA, solo queda aferrarse a Dios, mejorar la
calidad de vida de esa persona y demostrar apoyo cada día. Se calcula que
existen entre 1 y 5 casos por cada 100.000 habitantes; aunque no hay estudios
epidemiológicos nacionales completos, cualquiera puede padecerla. En este caso
fue mi papá, y nos cambió la vida a todos.
Meses después de su fallecimiento llegan muchas preguntas, dudas e interrogantes que nunca tendrán respuesta. Al final, nacimos para morir y estamos aquí solo un ratico. Ojalá ese ratico sea muy feliz.



.jpeg)








